Aburrido no es aquel que dice cosas que no entendemos, si no aquel que no entiende lo que alguien interesante dice y no quiere aprender.
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EL PARITORIO...

Allí estaba yo, un 29 de Junio del 2013 a las 15h de la tarde, sentada en la camilla del paritorio de espaldas a la anestesista y con la vista al suelo. Y no sé cómo, ni porque, el pánico aterrizo en mi cuerpo, y con él la visión de mi misma, frente a mí, que me gritaba aterrorizada:

- ¡Que haces  aquí! Este no es tu lugar. No te das cuenta de que sólo tienes 29 años y vas a ser madre. Sal corriendo. Vete lejos.

Y eso me aterrorizo aún más, por fin, dentro de unas pocas horas iba a tener a nuestra pequeña entre mis brazos. Y, en lugar de intentar relajarme y pensar en todo lo bueno que habría después yo sólo quería salir corriendo, huir de allí.

 No entendía nada, miraba a mi marido aterrorizada y avergonzada. Por incomprensión propia. Me sentía culpable por ello y a su vez intentaba olvidarlo, actuaba como si nada hubiera pasado y calladita, que era mejor no contarlo. Pero el momento más sorprendente y desagradable fue, cuando me prometí a mí misma que jamás lo contaría, me lo prohibí. Realmente me sentía tan avergonzada, tan culpable, tan mal, que llegue a pensar que tal vez si lo contaban los demás pensaba que no quería a mi niña.

Y como digo, me calle y puse mi mejor cara, para que los tres saliéramos bien de todo aquello y tras mucho empujar  a las 17.50h, con 4kgrs y 50cm,nació nuestro gran amor, de nombre Adriana.

Mientras comprobaban que todo estaba bien, yo no dejaba de mirar a mi bebé y decir que guapa es, amor de madre. Pues la verdad, no es su día más favorable, pero después de 41 semanas de espera para poderlo tener en tus brazos  todo bebé es bello y más el propio.

 Horas después, mientras miraba a mi niña y a mi marido, que no quiso separarse  de nosotras ni un solo momento. Yo no dejaba de repetir me  que todo había pasado, que fue el shock del momento, que lo olvidará. Pero no fue así, ese momento me desconcertó, revolvió mucho dentro de mí. El silencio no ayudo y cuando fui capaz de contarlo había iniciado las sesiones con la psicóloga, tras diagnosticarme depresión post-parto.
Yo siempre he dicho que fue aquí donde “un botón de mi cerebro” se accionó para dar lugar a lo sucedido tras el parto, porque eso fue lo que sentí. Para mí, en el paritorio empezó todo.

 

 
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