Aburrido no es aquel que dice cosas que no entendemos, si no aquel que no entiende lo que alguien interesante dice y no quiere aprender.
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PASARON LOS DÍAS, LOS MESES...

Sumida en esa oscuridad incapaz de contar, ni siquiera  a mi marido, pues a las horas que venía el agotamiento me vencía. Y cuando era capaz de hablar decía tantas cosas que hasta para mí misma su incoherencia tenía.

Aun así, yo quería salir de allí, buscaba cosas que me motivaran, que pudiera hacer con Adriana. Empecé un Taller de Lactancia el cual abandone a la tercera sesión. Pues con ello no tenía problema, la niña se enganchaba bien y respeto a lo demás estando en casa, la cosa iba fenomenal. Pero yo quería hablar, necesitaba explicar lo que me pasaba, pero allí delante de 40 persona no era el lugar, además de molestarme bastante que mi hija fuera el centro de atención, el foco de todas las miradas, por el arnés que llevaba.

Así que aprovechaba las visitas rutinarias del Pediatra y Enfermera, compañeros de profesión, para intentar liberar un poco de tensión y encontrar alguna respuestas. Para mi sorpresa, la mejor que me dieron cuando les dije por lo gran depresión que estaba pasando, fue esta gran respuesta: Pues...no tienes cara de estar pasando por ninguna depresión. Y....yo amablemente me despedí y decidí que de mi boca nada más saldría. Pues cuando iba al Pediatra, poco más que me hacía sentir en ocasiones una idiota, como no podía saber algunas cosas si era Enfermera....De la compañera, no tengo nada más que hablar.

Llame a mis padres, los cuales no sabían que responder. Jamás habían escuchado a su hija llorar y menos por teléfono. Siempre me he buscado la vida y mira que ellos me han dado mucho, pero justo por eso creo que debo hacer lo demás por mí misma para agradecer todo lo que han hecho desde que me trajeron a la vida. Me ofrecieron Dios y ayuda, pero a mí ya nada me valía.

Pero como siempre  digo, tenía un "angelito de la guarda" el cual cada día me decía, que mi familia me necesitaba sonriera o no. Así que no tenía más opción que luchar con todas mis fuerzas para superar aquella situación, eso era lo que tenía que hacer.

Busqué en Internet, nada encontré, si como lo oyen, hace 25 meses, nada encontré. Por fin fui capaz de decirle a mi marido que necesitaba ayuda y el me ofreció todo su apoyo, pues el también necesitaba que volviera a sonreír, que volviera la loca, payasa, disparatada y alegre mujer de antes. A la que él solo no podía ayudar.

La primera psicóloga que encontré, en la primera cita me dijo en pocas palabras que tenía mil cosas mejores que atenderme en el horario que yo quería. La segunda poco me resolvía, la tercera a la cual debía acudir desde el principio, una gran amiga, fue la que me devolvió la vida....






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